Los seguros de vida colectivo en tiempos de coronavirus

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Escribe Federico Medina, jefe de Vida, AP y Seguros de Salud – Human Capital & Benefits de Willis Towers Watson.

Desde diciembre de 2019, cuando en la República Popular China se reportaron los primeros casos de COVID-19 vinculados con un grupo de trabajadores del mercado mayorista de mariscos en la ciudad sureña de Wuhan, casi todos los aspectos de la vida humana se vieron alterados. Esta situación afectó no sólo nuestras costumbres y las economías de la mayoría de los países del mundo. También generó una fuerte incertidumbre acerca de los alcances de los seguros de vida desde el 11 de marzo pasado, cuando la Organización Mundial de la Salud reconoció la propagación del coronavirus como una pandemia.

Es importante tener en cuenta que, más allá de ciertos avances, tales como el descubrimiento del genoma del virus por parte del Instituto Malbrán, el tratamiento del plasma convaleciente que ayuda a pacientes críticos o los nuevos kits de testeos rápidos desarrollados por ICT Milstein y CONICET-Fundación Pablo Cassará, nos encontramos en una etapa inicial sobre nuestro conocimiento relacionado con el entendimiento del virus y sus derivaciones. Si bien sabemos cómo actúa en el cuerpo humano, aún no podemos estar seguros de todas sus formas de transmisión. Tampoco de sus consecuencias físicas ni si produce inmunidad una vez recuperado del contagio.

Reacción del mercado

En este contexto, la mayoría de las aseguradoras del mercado argentino reaccionó rápida y positivamente a esta nueva realidad. Se confirmó que cualquier hecho indemnizable en las pólizas producido por el COVID-19 estará contemplado en la cobertura. Es decir, las pandemias no se encuentran dentro de los riesgos no cubiertos de sus contratos.

Por lo expuesto anteriormente, independientemente de las medidas sanitarias que hasta el momento parecen resultar efectivas frente al coronavirus en nuestro país comparándolo con otros, quedan abiertos interrogantes para quienes suscriben seguros de vida en el mercado local.

Datos

A la fecha sabemos que, en la Argentina, la edad promedio de contagios es de 42 años. En tanto, la edad promedio de mortalidad es de 75 años. También sabemos que el índice de positividad en los menores de 15 años es del 3,5%. A priori, estos indicadores no harían pensar al mercado de seguros de vida en un aumento de la siniestralidad directamente vinculado con el coronavirus. En su gran mayoría, las pólizas de seguros de vida colectivo tienen una edad mínima de ingreso de 14 años. Asimismo, cubren hasta los 65 años o plantean significativas reducciones de suma asegurada y cobertura a partir del límite máximo de edad.

Sumado al riesgo de muerte existen efectos secundarios irreversibles que podrían derivar en causales de invalidez total y permanente o al menos provocar que la función pulmonar disminuya entre un 20% y un 30% después de la recuperación. Por ejemplo, se encontró una especie de fibrosis en los pulmones de algunos pacientes recuperados de COVID-19, lo que sugiere un daño permanente en los órganos.

Otro aspecto por considerar es la tasa de morbilidad. Debe tenerse en cuenta a las poblaciones definidas como factor de riesgo. Estas enfermedades preexistentes pueden no sólo incrementar la probabilidad de muerte o invalidez total y permanente, sino también ser registradas como fallecimientos por causas no identificadas con el virus.

Otros efectos

La estrategia sanitaria nacional de liberar camas en terapias intensivas y reducir al mínimo las intervenciones quirúrgicas y atenciones médicas puede provocar el aceleramiento de otras enfermedades. Esto como consecuencia de falta de diagnósticos tempranos y tratamientos adecuados. Sumando las dificultades de un mundo con fronteras cerradas, algunos casos específicos pueden agravarse ante la imposibilidad de realizar tratamientos médicos en el exterior.

Además, dada la prioridad mundial en la atención médica a esta pandemia, algunos estudios anticipan un retroceso importante en la donación y el trasplante de órganos en todo el mundo. Sobre todo en los casos de trasplante de riñón, corazón, pulmón e hígado. Todas estas operaciones implican una esperanza de mayor conservación de la vida. Sin embargo, esta coyuntura presentará desafíos para la población afectada.

Aislamiento

El distanciamiento social se transformó en una obligación cívica. Sin embargo, existen efectos secundarios que pueden aumentar el riesgo a mediano plazo. Por ejemplo, el stress al que estamos sometidos a causa del aislamiento social, preventivo y obligatorio. También los efectos psicológicos que genera la sensación permanente de amenaza a nuestras vidas y la preocupación financiera. Otros efectos secundarios tienen que ver con la mala alimentación y la falta de ejercicio al no contar con la posibilidad de utilizar los espacios públicos o gimnasios.

En cuanto a la salud mental, estudios recientes reflejan que más del 40% de la población mundial informó que su salud mental desmejoró durante la pandemia. También que, si bien todas las generaciones expresan este empeoramiento, la Z y los millenials son las más afectadas.

Todas estas cuestiones pueden derivar en nuevas políticas de suscripción por parte de las aseguradoras en el mediano o largo plazo. De igual relevancia es reparar que todas estas opiniones podrían verse modificadas o quedar sin efecto en caso de que finalmente se encuentre una vacuna o antiviral para el SARS-CoV-2.

Transformación digital

Si bien es un giro esperado hace tiempo, las compañías se enfrentan a la necesidad de someterse a una transformación digital. Las dificultades en el tránsito de papelería física obligan al mercado a pensar en presentar alternativas digitales a sus clientes. Soluciones que deben ocuparse de los formularios de adhesión, de las declaraciones juradas de salud y del envío de facturaciones, endosos y pólizas. Muchas aseguradoras ya “picaron en punta” como consecuencia de que el trabajo remoto se generalizó en muchas actividades, sobre todo en las no declaradas como esenciales.

Esta coyuntura también plantea el apuro de generar herramientas a través de las cuales los asegurados puedan contratar coberturas optativas sin moverse de su casa o lugar de trabajo. Bajo este escenario se espera que tome vital importancia el desarrollo de nuevas plataformas y el progreso de la firma digital para empleados dentro de las empresas.

Oportunidad para concientizar

Este momento tan particular que nos toca transitar como consecuencia del coronavirus puede ser una excelente oportunidad para concientizar a la población acerca de la necesidad de contar con seguros de vida. Es una buena oportunidad para recordar que son la única forma de reemplazar el ingreso de una persona que es el sostén de familia. También es un buen momento para enfatizar en la necesidad de tomar en el presente las decisiones del futuro. Por otro lado, vale recordar que nuestro mercado es lo suficientemente amplio para generar propuestas simples y adecuadas ante cada caso particular y cada posibilidad.

Conclusiones

Estamos en un momento histórico de gran incertidumbre y dinamismo. No hay soluciones definitivas por parte de la ciencia. Esto provoca cambios estructurales en nuestra forma de vivir, de administrar nuestras carteras y de generar nuevos negocios.

Desde Willis Towers Watson estamos trabajando junto a nuestros clientes y las compañías. El objetivo es facilitar todo el circuito administrativo, técnico y comercial que requiere la gestión diaria de los seguros de vida colectivo. Para ello aportamos nuestro expertise, soporte e innovación tecnológica en los distintos pasos del proceso.

Fuentes: Willis Towers Watson, informe del Ministerio de Salud de la Nación del 30 de abril de 2020, Deutsche Welle, Asociación Civil de Aseguradores de Vida y Retiro de la República Argentina (AVIRA), The Lancet y NRC Health.

 

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