La re-aceleración inflacionaria: ¿expectativas o “platita”?

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Con el aumento de los precios al consumidor del 3,5% en septiembre se revierte una incipiente tendencia declinante desde el alarmante nivel de 4,8% en marzo al desde ya también crítico pero menos angustiante 2,5% en agosto. Lo más negativo es que el mes en curso muestra en materia de inflación también una tendencia preocupante.

Sorpresa

La re-aceleración inflacionaria, que se hizo visible a medida que avanzaba el mes pasado y se plasmó al difundirse el índice, tomo de sorpresa a los analistas. Las proyecciones pesimistas de muchas consultoras que se manejaban poco tiempo atrás estimaban que la inflación recién volvería a escalar en diciembre. Así surgía del consenso de economistas que convoca el BCRA y, en general, de la mayor parte de las consultoras. Del lado del gobierno había ilusiones de que la evolución de los precios seguiría moderándose.

Quizás lo más destacable del 2,5% de agosto es que pocas veces desde comienzos de 2019 el IPC había bajado a ese nivel. Además, puede mencionarse el hecho de que esa tónica haya durado cinco meses seguidos. No alcanzaba para decir que se estaba derrotando a la inflación, pero podía pensarse que se estaba encontrado un camino.

Debe tenerse en cuenta que, como lo reconocieron todos los economistas, desde comienzos de año se estaba aplicando una política fiscal y monetaria astringente. La conducción económica sostiene que el control de estas variables, si bien no es suficiente, es una de las condiciones necesaria para frenar una inflación tan elevada.

Inflación

En 2019, con las tarifas prácticamente congeladas y un dólar artificialmente contenido (primero por ventas irresponsables de reservas y luego también por un cepo), la inflación aumentó 53,8%, pese a la existencia de un déficit fiscal primario cercano a cero. Queda a la vista que entonces hubo una gran ignorancia o demagogia cuando se decía que bajar la inflación era sencillo.

La elevada emisión durante 2020 era muy difícil de evitar. Era imprescindible ayudar a las empresas y a los más vulnerables a sobrevivir, aun con un Estado sin recursos y el crédito absolutamente cerrado al momento de comenzar la pandemia. De no hacerlo, se iba a producir una situación explosiva.

Si se simplifica, puede decirse que debió apelarse a una carga tan distorsiva como el impuesto inflacionario para poder redistribuirlo hacia los sectores más vulnerables y poder evitar así un cierre masivo de empresas y un dramático aumento de la indigencia, mayor aun al registrado. A diferencia de otros países, la pandemia nos encontró quebrados. Generar un excedente fiscal para subsidiar a los más afectados mediante despidos en el sector público o bajas mayores a las registradas en sueldos y jubilaciones, es un contrasentido.

Pero desde fines de 2020 y a lo largo de 2021 se aplicó una política fiscal y monetaria muy prudente. También, apoyándose en el significativo superávit en el comercio exterior y en la cuenta corriente del balance de pagos, se abandonó la política de mantener un elevado tipo de cambio real, reduciendo el ritmo de devaluación, sin llegar nunca a un tipo de cambio inferior al de equilibrio externo. La buena evolución de las cuentas fiscales permitió también mantener las tarifas congeladas pese a la mayor carga de subsidio que generan. No obstante ello, el tema provocó mucho ruido político entre el ala más responsable y la más populista de la alianza gobernante, reflejando al menos que había preocupación en el gobierno de las implicancias negativas de un prolongado atraso tarifario.

Razones

¿Qué fue lo que quebró en septiembre la tendencia a la baja del IPC de cinco meses? Viendo los índices, se advierte que el cambio de temporada está detrás del aumento de 6,4% en indumentaria. También impactaron otros aumentos estacionales como las frutas y verduras de estación (no es chiste que el tomate aumentara 20,7% o la banana 13,4%). Con el aumento de las prepagas, los precios regulados no pudieron jugar de contrapeso.

Pero no existen razones para explicar para un cambio de tendencia tan brusco y sorpresivo.

Todo indica que ese salto, acompañado también por una suba significativa de los dólares no controlados y del riesgo país, está asociado a un profundo deterioro de las expectativas.

El profundo retroceso del Frente de Todos en las elecciones del 12 de septiembre inclino la relación de fuerzas dentro de la alianza gobernante hacia la heterodoxia menos responsable. Los precios reaccionaron preventivamente frente a una inminente puesta en marcha del “Plan Platita”.

En este escenario, un nuevo secretario de Comercio puso en marcha un masivo control de precios. Medidas de este tipo, que abarcan tantos artículos y se plantean por un período prolongado, tendrán necesariamente efectos distorsivos.

Pero lo principal es que ya a tres semanas de las elecciones, hay muy poca “platita” adicional en la calle. Por lo menos hasta el cierre de esta nota no se sabía nada de lo principal, que serían los bonos para los jubilados. El ajuste del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias no es ninguna novedad. Otros aumentos no son permanentes o fueron anunciados tiempo atrás. El subsidio a las vacaciones en la provincia se dará el año próximo y posiblemente sea incluido en su Presupuesto 2021. Desde ya que, como se preveía, hay en estos meses más expansión fiscal que en el austero primer semestre. Pero difícilmente el déficit pase del 4% del PBI.

Más allá de las palabras y las consecuencias en el plano político, todo indica que la necesidad de un acuerdo con el FMI obliga a tener en cuenta a los más prudentes. Si ello no pasa, sin duda se estará en problemas.

 

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