La política económica poselectoral

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política económica postelectoral

Con la fuerte derrota política del oficialismo se abre obviamente un gran interrogante sobre la marcha de la política económica. Sin duda, la concentración de los votos en la oposición y el salto más significativo en las propuestas más extremas reflejan el malestar de la población y la difícil situación social. El interrogante es si se dispone de una mejor alternativa para remontar la crisis teniendo en cuenta que el modelo económico en marcha difiere significativamente de los aplicados, por lo menos, en la última década y está logrando resultados significativos que pasamos a enumerar.

Resultados

1) La actividad está en rápida recuperación. La industria y la construcción ya superan los niveles previos a la pandemia. El agro proyecta cosechas récord para 2022. Si bien las cosechas cayeron en 2021 por razones climáticas, el impacto fue ampliamente compensado por la suba de precios internacionales.

2) El sector externo muestra una muy significativa mejoría. Hay una refinanciación de la deuda impagable a mediano plazo que aleja el peligro inminente del default y un abultado superávit comercial que va creando las condiciones para el repago a la hora de afrontar vencimientos. El superávit que se alcanzó en la cuenta corriente del balance de pagos, luego de largos años de pronunciados déficits, permite avizorar la posibilidad de refinanciar vencimientos como hace cualquier país del mundo.

3) Se advierte una pronunciada caída del déficit fiscal durante los primeros ocho meses del año. El déficit que se proyecta para todo el año es de los mejores del mundo en un contexto de aumento de la obra pública que hace largos años que no se concretaba.

4) La pandemia continúa mostrando una evolución favorable al ritmo de una acelerada vacunación. Podría alcanzar con las dos dosis niveles considerados razonables para dar paso a la inmunidad de rebaño, sin que la cepa Delta de signos de difusión en la Argentina.

5) Hay signos claros de recuperación del empleo y reducción de los niveles de pobreza, si bien los resultados son aún muy débiles. Apenas alcanzan a los magros niveles previos a la pandemia.

6) La inflación muestra una tendencia declinante. El 2,5% de incremento en agosto es del orden de los registrados desde hace largos años en el país. Y no es real que sea sostenido artificialmente. El tipo de cambio, si bien se está retrasando respecto a la inflación, es aún satisfactorio en términos históricos. No será muy difícil que vuelva a acompañar la evolución de los precios o aun sacarle ventaja ya con una inflación de arrastre contenida y una baja tasa de expansión monetaria durante largos meses como la que se está registrando. Hasta ahora se pudo sostener fiscalmente el congelamiento de tarifas. Todo indica que podrá salirse de él gradualmente al ritmo de la recuperación del salario real.

Perspectivas

El rápido retorno a los niveles de 2019, aun cuando algunos sectores deben continuar sufriendo restricciones en su actividad, no se percibe claramente, porque el 2019 fue un año muy malo. La desconfianza que despertaron políticas de precios como las restricciones a las exportaciones de carnes no sólo no se generalizaron, sino que no llegan a afectar las expectativas de fuerte crecimiento de la producción agropecuaria y las exportaciones durante el año próximo. El retorno de las inversiones extranjeras, que llevan ya muchos años de paralización, no es posible hasta que el país recupere la capacidad de los pagos externos en los que ingresó en 2018.

Un ajuste del presupuesto con mayores incrementos del gasto, a partir de las presiones internas en la coalición de gobierno, afectará sin duda la política antinflacionaria. Sin embargo, en la medida en que no marque un desvío muy significativo y se logre contener la inflación de arrastre y las expectativas cambiarias con un acuerdo con el FMI y la continuidad de un manejo prudente, no tiene por qué producir consecuencias macroeconómicas muy perturbadoras.

Si en cambio se acaba con la política fiscal y monetaria prudente, se haría muy difícil manejar las expectativas y se aceleraría la inflación y la fuga de divisas. Ello volvería a acentuar la crisis y podría dar paso a que se profundice la creencia en la viabilidad económica y social de un ajuste ortodoxo, que tendrá otra vez consecuencias aún más negativas.

En cambio, una heterodoxia responsable, con políticas macroeconómicas prudentes y políticas activas de diversificación productiva y exportadora (algo muy poco transitado en el país), parece en condiciones de permitir un ritmo sostenido de crecimiento.

 

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