El tiempo es escaso y corre rápido

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09/08/2022

La economía argentina ingresó, a partir de junio, en un escenario cualitativamente diferente. Un escenario que, ahora, hace prácticamente ineludible pasar de una heterodoxia que procurara compatibilizar ajuste con crecimiento, a una política mucho más ortodoxa y de alto costo, que será necesario distribuir lo mas equitativamente posible en la sociedad. Si esto último no se hiciera, el aumento de la conflictividad afectará (también) la confianza que requiere la moneda nacional y la inversión privada.

El problema

La causa del problema es tanto un incremento de la oferta monetaria como una caída particularmente brusca de la demanda de dinero.

Todos saben que los niveles de déficit fiscal en Argentina son reducidos en relación a los de la gran mayoría de los países del mundo, cuyas tasas de inflación e insuficiencia de divisas son muy menores a los nuestros. Se estima que, en lugar del 2,5% del PBI comprometido con el FMI, marchamos actualmente a un déficit de 3% o 4% del PBI: en ningún país normal, grande o pequeño, sería alarmante.

Pero también sabemos que la nuestra es una historia casi exclusiva de altísima inflación y sucesivas y brutales quiebras de contratos (desagios de Alfonsín, Plan Bonex de Menem, pesificación de Duhalde entre default y default…), hace que Argentina muestre equilibrios cada vez mas claros. Y esto hace, obviamente, difícil la aplicación de un programa heterodoxo.

Sin embargo, por los elevados niveles de pobreza con los que llegó el nuevo gobierno, tenía sentido intentarlo. Fue en ese contexto que se pudo superar la caída de la economía que en todo el mundo generó la pandemia y seguir creciendo durante buena parte de este año hasta los niveles de 2017.

Heterodoxia o ajuste

Una heterodoxia responsable exigía el ajuste en el gasto público que se inició a fines del 2020 y que se practicó en la primera mitad del 2021, aunque ya había sido bloqueado un gradual aumento de tarifas. Sin embargo, lo más grave es que ante el adverso resultado para el oficialismo de las paso de 2021, se interrumpió todo el ajuste fiscal en marcha. Y esto sin duda dio lugar a una expansión de la oferta monetaria mas difícil de manejar.

Pero la puesta en duda de la voluntad de llegar al acuerdo, más que razonable, con el FMI, no podía dejar de infundir en los agentes económicos el temor a un desborde macroeconómico de grandes consecuencias. Ello creó las condiciones para que en junio, ante versiones posiblemente mal intencionadas de que se iba a «reperfilar la deuda en pesos», la reacción de los inversores y los bancos fuera una huida masiva.

A la conducción económica se le plantearon entonces dos opciones: admitir el derrumbe de precios de los bonos, con la consecuente destrucción del mercado cuidadosamente armado para lograr un vital financiamiento local sin emisión; o salir a sostener el valor de los papeles, demostrando la voluntad de pago.

Se eligió este último camino, pero esto exigió una emisión billonaria que obviamente obligaba a políticas de extremada austeridad hasta que se pudiera reabsorber ese excedente. Y en ese momento desde la política se planteaba que la emisión monetaria no era causa de la inflación ni de problema alguno.

La situación obviamente se tornó incontrolable. El ministro en ejercicio renunció espantado y la sucesora no pudo despertar ninguna confianza anunciado ajustes sin demostrar cómo aplicarlos.

Consecuencias

Para detener la corrida fue necesario que uno de los sustentos políticos de la alianza gobernante, con el compromiso de todos sus líderes, asumiera como superminstro, con poderes casi presidenciales.

Pero es obvio que esto sólo alcanza para suspender la corrida. Ahora hace falta que se demuestre, con medidas y resultados concretos, que la nueva conducción económica sabe y puede enfrentar el profundo desequilibrio que la desconfianza (o, en otras palabras, el derrumbe de la demanda de pesos) generó.

Hay que reducir la oferta de dinero a los bajísimos niveles de la demanda como punto de partida. Hacen falta más medidas, mejores resultados y equidad en la distribución de los costos para contener la conflictividad. El tiempo es escaso y corre rápido.

 

 

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