La actividad aseguradora en 2021

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Sergio Sabha, presidente de Gestión Seguros.

La actividad aseguradora es una de las más antiguas del mundo y se volvió fundamental para el desarrollo de las sociedades. Para analizar sus orígenes, debemos remontarnos a las civilizaciones griegas, romanas o babilónicas en la Antigüedad y la Edad Media. Con el objetivo de proteger los intereses personales y los de la comunidad, los individuos se organizaban en pequeños grupos y hacían una colaboración para afrontar los infortunios que los afectaran. Detrás yacía un gran principio: la idea de que juntos era más sencillo enfrentarse a las adversidades. Por ejemplo: si una tragedia acechaba a una familia y quedaba desamparada, el grupo asumía la responsabilidad de protegerla.

Hacia el año 2250 a. C., el concepto de ayuda comunitaria y la seguridad ante cualquier eventualidad tomaron forma legal con el Código de Hammurabi. Como plantea la famosa frase, el derecho siguió al hecho y, entonces, una costumbre que se basaba en la solidaridad vecinal se convirtió en una ley escrita.

Luego llegó la Edad Media, marcada por un fuerte desarrollo y crecimiento comercial. Fue en este momento que aparecieron los primeros seguros sobre la vida humana por el riesgo que implicaban los viajes por el océano. Los piratas capturaban a las tripulaciones y pedían un rescate. Este tipo de seguros garantizaban el pago de ese dinero e indemnizaban a las familias en caso de fallecimiento en un naufragio. También estaban los “préstamos a la gruesa”, en los que se aseguraban el buque y la carga pagando una prima fija. Hasta este momento, se trataba de personas físicas que asumían individualmente uno o varios riesgos.

El seguro con ánimo de lucro nació en Italia en el siglo XIV y se centró en los aseguramientos marítimos. En Londres, 300 años más tarde, un café se convertiría en una auténtica bolsa de seguros. En los bares se solían reunir los comerciantes y los hombres de negocios. Por eso, el dueño de una cafetería llamada Lloyd’s comenzó a publicar en 1698 las Lloyd’s News, en las que se daba información sobre los viajes más recientes y los mercados en el mundo. Si alguien quería asegurar un barco, se acercaba al café, se redactaba un contrato y el asegurador firmaba. De ahí nació la primera asociación de aseguradores particulares: Lloyd’s Underwriters.

El crecimiento continuó dándose a pasos agigantados y en 1802, en Toulouse, se creó una gran mutual de seguros que dio origen al reaseguro y a los acuerdos entre las aseguradoras. La historia sigue hasta nuestros días.

De esta manera, si hay algo que caracteriza al mercado asegurador, es ver oportunidades de crecimiento ante situaciones en las que otros solo verían problemas. Se trata de capitalizar los vaivenes de la historia y sus hechos fortuitos y utilizarlos como motor para una mejora social. El año 2020 y la pandemia que lo marcó a fuego es una más de esas grandes bisagras que signaron el desarrollo de nuestra actividad. De cada una de las anteriores logró salir fortalecida y esta vez no será la excepción.

Contexto actual y proyecciones

Para poder proyectarnos hacia el futuro es importante analizar bien en qué contexto nos encontramos. Desde esa base nace una pregunta fundamental: ¿cuál va a ser el rol de las compañías de seguros en el contexto económico y social nacional e internacional de 2021? El mercado asegurador mundial comenzó a repuntar en los últimos meses. Además, se estima que las primas globales de seguros crecerán un 3,4% en términos reales en 2021 y un 3,3% en 2022, luego de la contracción del 1,4% sufrida en 2020. Esta incipiente recuperación del mercado asegurador mundial fue gracias a la demanda generada por una mayor concientización del riesgo.

Otro dato a tener en cuenta es el PIB mundial ya que la economía y el mundo de los seguros van de la mano. El PIB mundial se contrajo un 4,1% en el último año, pero los estudios ya pronostican un crecimiento del 4,7% en 2021.

Por otra parte, uno de los grandes aprendizajes que nos dejó esta pandemia es la capacidad que tenemos para adaptarnos a los cambios y las adversidades. El mercado asegurador mundial se vio menos gravemente afectado de lo esperado en las previsiones de junio de 2020. Se estima que el volumen total de primas durante el año pasado disminuyó un 1,4% en términos reales versus el 2,8% que había sido previsto. Estas estadísticas mundiales difieren de las cifras en la Argentina por el contexto inflacionario en el que vivimos. Sin embargo, si centramos el análisis en moneda dura, nuestros resultados no están tan lejanos a los que las estadísticas mundiales indican.

Está claro que cada país se verá afectado de forma diferente, dependiendo de su capacidad para absorber impactos y de las políticas que se adopten. En el caso argentino, se apunta a lograr una recuperación económica muy rápida gracias a la aparición de la ansiada vacuna, a los estímulos económicos gubernamentales, a los efectos del canje de bonos de nuestra deuda externa, al impostergable acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y, por último, a las mejoras que ya se están evidenciando en el precio de nuestros productos exportables como, por ejemplo, el de la soja.

Caución y vida

En cuanto al ramo caución, el sector y su rendimiento fueron variando de acuerdo con las políticas implementadas en cada gobierno. De esta manera, el ramo siempre estuvo atado a los vaivenes de la economía. La pandemia también aportó lo suyo. La mezcla de estos dos factores provocó un marcado incremento de la mora en el cobro de las primas. Este es, sin dudas, uno de los grandes desafíos a afrontar en 2021. También debemos enfocarnos en el control del riesgo de punto a punto y en conocer en profundidad cada uno de los negocios para que la siniestralidad del sector no se dispare de repente. Es relevante lograr una suscripción que sea sustentable a mediano plazo.

Otro elemento importante a trabajar en 2021 es la generación de nuevas alianzas estratégicas en el exterior para establecer y afianzar circuitos de fronting y backing. Con todo lo dicho, creemos que 2021 será un año de transición. El rol del Estado será clave para su renacimiento y despegue a partir de la implementación de políticas de fuerte inversión para la obra pública y una revitalización del consumo interno.

Por otra parte, en este 2020 tan particular, vivimos un increíble crecimiento de los seguros de vida. Se convirtió en el ramo más consultado por los clientes y los productores asesores. Las personas tomaron conciencia de lo que es realmente valioso y apostaron por contratar pólizas para estar más protegidas ante las eventualidades. No obstante ello, todavía tenemos varios desafíos por delante.

Por un lado, las compañías de seguros deben desarrollar mediante estímulos educativos la conciencia aseguradora necesaria para que los individuos vean el seguro de vida como una alternativa válida para el ahorro y la protección de sus seres más queridos; a su vez, aprovechar estos tiempos de cambios y crisis para generar más coberturas novedosas que den respuestas al contexto en el que vivimos, aunque sin descuidar el desarrollo de los productos tradicionales. Sin embargo, para que esto ocurra, es necesario que el país cuente con una economía en crecimiento, así como también con estabilidad monetaria.

Si recurrimos a un diccionario, la palabra seguro significa: “Libre y exento de riesgo / Que no falla o que ofrece confianza”. Un año tan particular como 2020 nos demostró que el riesgo siempre existe, que de alguna u otra forma se cuela para sorprendernos y traernos un golpe de nueva realidad. De todos modos, está en nosotros capitalizar estas oportunidades y convertirlas en crecimiento. Como empresas de seguros, no podemos prometerles a los clientes el fin de los riesgos, pero sí darles la seguridad de que allí estaremos para acompañarlos y de que, como creyeron nuestros antepasados, juntos es más sencillo enfrentarse a las adversidades que el mundo nos tenga preparadas.

Nota escrita por Sergio Sabha, presidente de Gestión Seguros.

 

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